Rafa Fernández, profesor de matemática


Trece horas diarias de inglés dan para mucho. Aprendí vocabulario y expresiones idiomáticas de una forma amena, con divertidos juegos, comentando vídeos…etc. Sumamente agradables, y académicamente provechosas, las prolongadas tertulias después de cada comida. Hablando de lo divino y lo humano. La dicción de la profesora era perfectamente clara y diáfana, la entendía perfectamente. Los últimos días de la semana, cuando por la noche me retiraba a mi cuarto, si me descuidaba un poco pensaba en inglés.

Rafa Fernández, profesor de matemática